sábado, 26 de noviembre de 2016

SILENCIO

Terminé anoche de ver, a las tantas de la madrugada, los capítulos que restaban de "La sonata del silencio". La serie me gustó mucho, pero dura y cruel lo que ustedes quiera. No hago sino pensar que nos muestra un segmento de la España de posguerra, la España de clase alta, ¡cómo sería vivir en aquella época siendo un desgraciado!
La mujeres eran floreros, literalmente, dispuestas a soportar palizas, cuernos y subyugadas social y judicialmente a sus paridos (¿quién no recuerda la famosa frase de presentación "Señora de..."?). Las mujeres unas esclavas; a los republicanos o con visos de haber tonteado con ellos o los mataban o los encarcelaban; lo que le hacían a los homosexuales no lo mencionaré, también se ha escrito mucho sobre ellos; tantos y tantos acabaron exiliados aborreciendo España, aquella España, pero suspirando por volver. 
Un gran acierto la elección de actores, desde el cura moderno, el pasante de notaría (un auténtico bicho malo), la hija "viuda" de genial nombre, Virtuditas, el marido odioso, la mujer clasista amargada, la hija normal con su novio bobón -ambos salidos, como debe ser-, el homosexual triste, la madre de éste, tan buena persona como ágil estraperlista, el notario que ni sí ni no sino todo lo contrario, el juez envarado con su madre de vomitar, el violinista desertor, Elenita, a la que por fin le salieron las cosas bien, la italiana rica y europea, el nazi malagente, el pianista enamorado, el hijo pijo descerebrado, etc., etc. No sabría decir qué personaje está más logrado. En fin, un acierto de serie, vamos. 

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