lunes, 27 de marzo de 2017

MARMITAKO

Preparé hoy un marmitako de atún fresco que compré al salir del trabajo; era la primera vez que cocinaba este plato. ¿La verdad? De gusto bueno, de aspecto no, las papas estaban demasiado guisadas y parecía un potaje. Aún así el atún es siempre muy agradecido, está bueno de cualquier manera. La próxima vez saldrá mejor, estoy seguro. Este fin de semana tengo previsto preparar tataki.

4 CANCIONES PARA UN CAMBIO DE HORARIO

Aunque estoy dibujando desde las 6, a esta hora se supone debería estar cayéndome de sueño, pero hoy no es así, el dichoso cambio de hora. Me gusta este horario, se hace de noche más tarde, pero odio cuando cambian la hora, me trastoca innecesariamente.

Jack Jones, *Wives and lovers.
Andy Gibb, *I just want to be your everithing.
Wilco, *I'll fight.
Stevie Nicks, *Rooms on fire.

LISTEN TO YOUR HEART

Igual no te gusta Roxette, pero a mi sí, sobre todo esta canción, Listen to your heart. Me lleva a Nairobi, directamente, de forma irremisible; es escucharla y verme sentado en el salón de mi casa escuchando la canción y aprendiéndome la letra, una forma como otra cualquiera para aprender inglés, ¿o no? Recuerdo escribirla mientras sonaba hasta que pude completarla. Ésta era la manera de antes, cuando no había Internet, ni Google, no lyrics. Juventud divino tesoro.

MIDNIGHT OIL

Midnightoil, *Beds are burning.

OTHER NEWS




domingo, 26 de marzo de 2017

TORN

Natalie Imbruglia, *Torn.

ORIENTE

Ha sido éste un fin de semana casero, casero y de trabajo también. Dos semillas nuevas plantadas, a ver si germina alguna. Hace un rato terminé por hoy, me dolía la cabeza, demasiadas horas dibujando. Me preparé un descafeinado y me dispuse a ver la película "Oh, Jerusalén", para después sentarme a leer el libro Pilar Urbano sobre los atentados de las Torres Gemelas el 11 de septiembre de 2001: "Jefe Atta. El secreto de la Casa Blanca".
Jerusalén, aún no te he visto.

PsOE

Escuchaba la radio con atención, Radio 5, emisora a la que soy adicto cuando no es ópera lo que suena en el coche, mientras hablaban sobre los apoyos a Susana Díaz para presidir el partido socialista. Nombraban a los "barones", ese horroroso título (ay estos políticos, siempre tan autocomplacientes, siempre tan estupendos, siempre tan encantados de conocerse), las agrupaciones, los ex presidentes, las televisiones, algún partido de la oposición y hasta Rita la Cantadora. Pero, en ningún momento del reportaje hablaron de los militantes. Ésta es la verdadera razón por la que no estoy afiliado a ningún partido político; ¿de verdad que alguien se cree que los militantes pintan algo? El PSOE es el ejemplo más claro, un Secretario General elegido por ellos y defenestrado por la cúpula. Ya hora el lema parece ser "todos contra Pedro Sánchez". Desde luego, si durante el Congreso no dejan hablar a los afiliados poco futuro le veo al socialismo tradicional en España. Ahora, bochornoso espectáculo el que han dado. Estaremos expectantes a ver en qué queda todo.

sábado, 25 de marzo de 2017

LLENO, VACÍO, ROTO

Qué difícil es acertar con algunas personas, todo lo que digamos jamás será lo adecuado, encontraremos siempre una respuesta o desagradable o negativa o hasta antipática, de esas que a uno le dejan la sonrisa congelada en la cara, o en la cabeza si se trata de una "conversación" mediante el whatsaap. Todos tenemos algún conocido, o peor si se trata de un amigo o de un familiar, que sabes terminará sacándote de quicio, hagas lo que hagas, digas lo que digas. Tanto da decir una cosa o la contraria, la respuesta siempre va a ser la contraria. 

> ¡Qué bien te veo!
          No te creas, estoy harto/a de esto, de lo otro y y bla bla bla.
> ¡Qué mala cara!
          ¡Tú siempre eres el mismo!, tan agradable.

Casos como éste tenemos ejemplos para regalar.
> Mi enhorabuena por conseguir este nuevo trabajo, son buenas noticias.
          ¡De buenas noticias nada! Ahora se me viene encima...
> Hablas del tiempo sin felicitaciones por el nuevo trabajo.
          ¡Nunca me felicitas por los logros conseguidos!

> ¡Qué bonito peinado, ¿es nuevo? Te queda bien.
          Ni te habías fijado antes, ya no te das cuenta de cuándo cambio de peinado.
>  Hablas del tiempo sin felicitaciones por el nuevo corte de pelo.
          No me has dicho nada por mi nuevo peinado, ya ni te fijas en mi.

También tenemos la versión yo-yo-yo, es decir aquella en que tu interlocutor no deja que le cuentes nada porque, nada más empezar, lo lleva a su terreno y siempre hay más. Un ejemplo:
> Uf, estoy pasando una temporada muy mala, no levanto cabeza.
> Pues anda que yo, lo mío sí que es grave, porque bla bla bla.

En resumen, si felicitas porque felicitas, si no lo haces porque eres un desagradecido, si hablas porque metes la pata, y si te callas porque eres mala gente. Total, ¿qué hacer con estas personas que ni ven el vaso medio roto o medio vacío, las que lo ven siempre roto?
a) Mandarlas al carajo.
b) Saludar con un hola y despedirlas con un adiós; en medio una sonrisa y la boca cerradita.
c) Huir.

PD. Recuerdan la ley física de la energía? Que ni se crea ni se destruye, sólo se transforma. Pues esta gente de la que hablo tiene la facultad de incumplir la ley porque tiene la capacidad de absorber la energía completamente.

SIN PALABRAS

FUTURO PERFECTO

LA MUSA

ALL OVER THE WORLD
















I♥NY

HUMOR, REMEDIO INFALIBLE


BELLEZA


miércoles, 22 de marzo de 2017

BRONSKI

Bronski Beat, *Small boy town.

VELOCIDAD, FLEXIBILIDAD Y ALTURA DE MIRAS

Hablar de Urbanismo es incluso más difícil que hablar de Arquitectura, son hermanas, bien avenidas, aunque no siempre. Además debemos unir otros parientes como las leyes, las ordenanzas, el planeamiento, etc. Y si a todo esto le unimos la palabra maldita, "prevaricación", se acabó lo que se daba. Errar ya no existe, se prevarica, uno no se equivoca ahora. ¿Cómo luchar con esta pared frente al obligado y necesario desarrollo de nuestras ciudades? Complicado planteamiento y difícil respuesta.
Yo empezaría hablando de la velocidad con la que la sociedad avanza, mucho más rápido que las leyes, de manera que -utilizando el sentido común- (sí, lo sé, soy un ingenuo), pudiera haber mecanismos legales para que puntualmente se resolvieran los problemas surgidos, con altura de miras, pensando en el ciudadano y en el bien común. Pongamos un ejemplo:
  • Un barrio del centro de una ciudad cualquiera tiene un edificio que está cerrado, sin uso, por las circunstancias que sea. Un promotor decide rehabilitarlo completamente, cambiarle las carpinterías, las instalaciones, colocar un ascensor para hacerlo accesible, remozar la fachada completamente, etc., de manera que se pueda habitar y embellecer en lo posible la zona en la que se ubica..
  • Acude al Ayuntamiento a pedir la licencia y ahí que empieza su periplo, todo son problemas; que si no puede poner el ascensor, que si la escalera no cumple, que si la luz de obra, el agua, que si esto que si lo otro.
  • Finalmente, en muchos de los casos, el promotor desiste, tira la toalla, y el edificio continúa cerrado, sin uso, arruinándose día tras día (si no se llena de okupas, por ejemplo), afeando el barrio y constituyendo, en el mejor de los casos, un lugar para que se acumule la basura, las ratas, las palomas...
  • Epílogo: la ciudad sigue teniendo un edificio que se deteriora día a día perdiendo la oportunidad de que cuatro, cinco, las familias que sean, se muden al barrio, paguen sus impuestos ayudando a las arcas municipales, compren en los supermercados de la zona, coman en sus restaurantes, etc., etc.
  • ¿Quién gana? Perdemos todos.
¿Qué ha faltado ? Altura de miras, flexibilidad y mecanismos legales para que esto no funcione, para que casos como éste y como tantos otros encuentren en la Administración una fórmula legal que permita soluciones. ¿Quién ganaría? Todos: la ciudad, los ciudadanos que la moran y disfrutan, el desarrollo, la economía. Repito, todos.

LONDON, AGAIN

Otra vez Londres, malditos terroristas. ¿Dónde estamos seguros? en ningún lugar, por eso tenemos que seguir viajando; esta gente no podrá con nosotros. 

lunes, 20 de marzo de 2017

JOSÉ GONZÁLEZ

*Stay Alive (The secret life of Walter Mitty).

OF MONTERS AND MEN

*Dirty Paws (The secret life of Walter Mitty). 

FACE LAB

https://prikid.eu/chocolate-lab-face-t-shirt/

BON IVER

*I can't make you love me / Nick of time.
*Holocene.

THE HOPE


Munich soundtrack, *Hatikvah & End Credits.

NOA X 2

*Beautiful that way.
*I don't know.

¿QUÉ FUE DE BABY JANE?

Si algo bueno tiene estar enfermo (ya ven, el que no se consuela es porque no quiere) es que como las ganas de hacer cualquier cosa desaparecen sólo queda dormir directamente o dormitar bajo una manta viendo una buena película antigua.

EMPAPADO Y GRANIZADO

Domingo 19 de marzo, "Día del Padre" en España, cielo con nubes y claros, perfecto para bajar en moto a Santa Cruz a comer a casa de mis padres, y más cuando a las 4 de la tarde juega el Tenerife, y ya se imaginan cómo colapsa un partido de fútbol la ciudad.
Bien, me visto de motero y, como hay algo de sol, opto por ponerme unos tenis sin calcetines, unos de esos cómodos, con neopreno en el interior que son el paraíso. Salgo de casa y al llegar a La Laguna, ¡cómo no!, la dichosa Ley de Murphy que se cumple una vez más, empieza a llover. A medida que bajaba hacia la ciudad la lluvia se intensificaba más y más, aumentando el peligro por lo que reduzco la velocidad y bajo el agua incesante, que se tornó granizo durante un tramo, logré llegar a casa de mis padres, aparcar y bajarme de la moto para comprobar a) los tenis estaban llenos de agua, al caminar sentía el chop chop de mis pies, b) la chaqueta de la moto, aunque había calado poco, estaba completamente empapara, c) los vaqueros rezumaban agua como si los sacara de una lavadora sin centrifugado. 
Almuerzo, felicitaciones y bla bla bla. Vuelta a casa, vestido con la misma ropa, los mismos a), b) y c), menos mal que esta vez sin lluvia, para llegar a casa congelado. Hoy, malo como un perro, resfriado de nariz, tos dolorosa y quién sabe si algo más, aún no he entrado en calor. Palabrita.

BIENVENIDO, SEÑOR PÉREZ

Hoteles inteligentes y la madre que los parió
http://www.zendalibros.com/hoteles-inteligentes-madre-pario/

Les juro a ustedes, con una mano sobre la primera edición de El cetro de Ottokar, que cuanto voy a contar es cierto. Acabo de sufrirlo en la habitación de un hotel español nuevo y flamante, dotado con todos los adelantos tecnológicos imaginables. Un lugar de vanguardia tan avanzada que te deja de pasta de boniato.

La primera en la frente fueron las luces. Allí no había conmutadores normales, de ésos que les das, clic, clac, y encienden y apagan. Había unos sensores planos de colorines, que según acercabas un dedo encendían cosas de modo aleatorio, a su rollo. Todas de golpe o una a una, dabas a ésta y se encendía o apagaba aquélla, tocabas la de la mesilla de noche y se iluminaba un armario, o el cuarto de baño, y así todo el rato. No había forma de aclararse. Y para más recochineo, la habitación estaba iluminada a la moda de ahora, con coquetos puntos de luz que dejaban el resto en penumbra; lo que es precioso, pero tiene la pega de que no ves un carajo. Además, las pocas luces estaban situadas en lugares divinos, pero no donde las necesitabas, por ejemplo, para leer. Así que estuve un rato moviendo muebles para colocarlos donde podía verse algo; con el simpático detalle de que al ir y venir en la penumbra, más ciego que un topo, una manija de una puerta, estilizada, larga y bellísima de diseño, se me enganchó en el bolsillo de la chaqueta, rasgándolo.

Blasfemé, lo confieso. Algo sobre el copón de Bullas. Por suerte tenía otra chaqueta, pero al ir a colgarla se le cayó un botón. La alfombra era de las que más detesto en el mundo. Si la moqueta me parece ya una guarrería infame, calculen mis sentimientos ante una alfombra peluda de medio palmo de espesor, con rayas de cebra, entre cuya fronda podría camuflarse una boa constrictor. Por pura ley de Murphy, el botón cayó entre el pelamen; y con la falta de luz estuve diez minutos a cuatro patas, buscándolo con las gafas de leer puestas, mientras mis blasfemias subían de tono, cuestionando ya los más sagrados Misterios. Y de ahí para arriba.

El siguiente episodio fue la tele. Vi un mando, presioné la tecla, y lo que se descorrieron fueron las cortinas de la ventana, que ya nunca pude volver a correr. Al fin, con otro mando que parecía perfecto para abrir cortinas, encendí la tele. «Bienvenido, señor Pérez», dijo una voz cantarina sobre una imagen del hotel. Quise ver el telediario, pero el televisor me exigió una complicada serie de datos que incluían mi nombre, número de habitación y algo así como código Waca Plus –que sigo sin tener ni idea de qué podía ser–. Pese a ello, introducido todo, o casi, la tele se negó a pasar a los canales. Quise apagarla, pero no había manera de apagarla del todo, porque se encendía ella sola cada diez minutos, y cada vez la misma voz repetía: «Bienvenido, señor Pérez».

Les ahorro la noche. La cortina abierta de piernas, con la luz de las farolas de la calle dándome en la cara –con ésa sí habría podido leer–, y el televisor encendiéndose solo, «Bienvenido, señor Pérez», cada diez minutos. Además, cuando quise mirar el reloj en la mesilla debí de tocar algún sensor o algo, porque los pies de la cama se levantaron, zuuuuum, y me quedé con ellos en alto y toda la sangre congestionándome la cabeza. A punto de nieve para el derrame cerebral.

Al fin llegó el alba. Yo había notado ya que el grifo del lavabo no era un grifo, sino un caño misterioso que requería ciertos pases mágicos alrededor para que saliera el chorro de agua. Y con la ducha pasaba lo mismo. Me puse enfrente, empecé el abracadabra, y ni flores. Al fin, al hacer no sé qué movimiento, brotó el agua de la ducha. Fría, no, oigan. Ártica. Salté hacia atrás, empapado, y me quedé allí intentando desesperadamente resolver el problema. Entre el mando –que seguía sin saber cómo funcionaba– y yo se interponía el chorro gélido de la ducha. Al fin me dije: vamos, chaval. Sobreviviste a los puentes de Bijela, así que échale cojones. De modo que tomé aire, me metí bajo el chorro –mis blasfemias debían ahora de oírse en la calle– y estuve dando pases mágicos hasta que al fin, al borde ya de la congestión pulmonar, salió de pronto un chorro de agua hirviendo que me abrasó la piel. Y cuando al cabo, exhausto, apoyado en los azulejos bajo un chorro más o menos regulado, miré al suelo, comprobé que el arquitecto, o su puta madre, habían diseñado un plato de ducha sin escaloncito, a ras con el piso, y que por debajo de la puerta de cristal se había ido el agua, que ahora corría alegre por toda la habitación, anegándola. Y mientras, en el televisor, la amable voz femenina seguía repitiendo cada diez minutos: «Bienvenido, señor Pérez».
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Publicado el 19 de marzo de 2017 en XL Semanal.

domingo, 19 de marzo de 2017